Vivimos en un país donde la excepción es siempre la regla, donde se premia al evasor, donde no hay aplazados ni escalafón, y los evasores de la ley siempre salen airosos. El problema es que con trampa sólo ganan unos pocos. Con fraude electoral también. Esto fue lo que ocurrió en las elecciones presidenciales de 2007: en varias localidades del país desaparecieron sospechosamente las boletas de los partidos opositores, produciéndose también irregularidades antes, durante y después del acto eleccionario.
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